domingo, 3 de agosto de 2014

Under the skin - 2013


Director: Jonathan Glazer

  No he visto las dos películas previas de Glazer, y la forma en que llegó esta película a mi radar fue gracias al tan publicitado desnudo completo y frontal de su protagonista, la bella Scarlett Johansson. Luego leí buenos comentarios y otros no tanto, pero que al menos concordaban en que era una experiencia totalmente extraña y singular. Me hubiese gustado comenzar por las películas anteriores de Glazer, que son Sexy beast y Birth, pero la necesidad de ver su tercer largo fue un impulso que no pude controlar. Supongo que las otras dos quedan para más adelante. Yo todavía tengo deudas que cumplir y que han demorado más de la cuenta. Pero bueno, con respecto a la tercera película del cineasta inglés, debo decir que no me gustó, a pesar de ser tan interesante como inquietante. Se puede apreciar en varios sentidos, pero mi sentir final me hace decir que no, no me ha gustado "Under the skin".


  Acá está la premisa tan interesante: Scarlet Johansson es una extraterrestre que llega a la tierra con tal de atraer hombres -a través de la seducción- para matarlos. Y así la vemos, manejando su van por las calles de Escocia recogiendo hombres, en un recorrido aparentemente eterno. El espectáculo de la humanidad que involuntariamente se efectúa frente a sus ojos recién fabricados ¿Qué tan hondo puede calar la humanidad en ella?


    El principal problema que podría señalar de Under the skin -que está basada en una novela homónima y que al parecer es considerada de culto- es que todos los planteamientos interesantes que tiene se debilitan en un relato que finalmente no termina de funcionar como conjunto. La idea es que un extraterrestre llega a la tierra para llevar a cabo una misión; la palabra sola parece tener cierto glamour, lo cual no se condice con la naturaleza y ejecución de la misma, por lo tanto, se hace más apropiado llamarle trabajo: simple, rutinario e intrascendente. Johansson es una empleada más que tiene que cumplir con su deber -digo, por algo está destinada sólo a Escocia. Quizás en otros países del mundo hay más aliens atrayendo hombres libidinosos-. Inicialmente lo que acerca a Johansson más a la humanidad es que tiene que ejecutar un trabajo sin poder hacer preguntas o plantear objeciones, más o menos como los humanos -los más comunes y corrientes, porque estoy seguro que hay aliens líderes que dan órdenes a los del tipo de Johansson-. Pero lo importante es mucho más profundo que eso, porque "Under the skin" no es una película sobre la superficialidad de la vida.

  No es, a pesar de toda la chimuchina sobre el trabajo, lo fundamental de Under the skin. No se trata de hacer una especie de símil entre la humanidad y los extraterrestres y su estructura. Es algo mucho más sencillo y profundo que eso: Johansson es una extraterrestre que llega a la tierra a hacer lo suyo, pero que por lo mismo comienza a observar a los demás, a los humanos y su cotidianidad, tan variopinta como generalmente lamentable. Oscura, gris, violenta, indiferente, así como también decente, simpática y agradable. Johansson es testigo de toda la gama de comportamientos humanos, sin ella pestañear a ninguno de ellos porque justamente no es humana: es una mirada despojada de todo tipo de prejuicio o, para que suene más amable, de predisposición. Los violentos no son malos, los altruistas no son buenos. Los violentos y los altruistas son humanos, tan simple como eso. Pero así como la mirada de Johansson es parcial, objetiva e indiscriminada, también lo es su comportamiento, lo cual puede instalar una especie de interrogante moral: ¿es bueno ser objetivo y comportarse coherentemente con esa mirada? ¿O es bueno tener algo de humanidad para, al menos, hacer el bien -o la noción convencional de "el bien"-? Surgen diferencias entre pensamiento y comportamiento. Parecen, en el caso de Johansson, ser lo mismo, relacionado a lo que es su trabajo: como no tiene ningún tipo de prejuicio, elige a cualquier hombre que la siga a cualquier lugar a tirar para luego... Bueno, ya lo verán. Y esta selección libre de cualquier tipo de condicionamiento moral y ético en el fondo es buena, ¿no? Quién sabe. El asunto importante de la película parece ser que una mirada no condicionada por nada nos libraría de los problemas morales; no de hechos macabros, porque siempre sucederán, pero que si se les quita ese carácter tan humano a todo quizás las cosas no serían tan horribles de lo que ni siquiera deben serlo. Regimos nuestras acciones por valores creados por quién sabe quien. Bergman planteaba la ausencia de dios como una especie de liberación, pero también podría ser que otra liberación vendría con la ausencia de la humanidad como concepto espiritual y moral -el de especie dejémosla un poco de lado-. ¿Pero entonces seguiríamos siendo realmente humanos? ¿Qué somos: pensamiento o comportamiento? ¿O somos una compleja mezcla de ambos conceptos? En el fondo da lo mismo: somos humanos. Nada más importa. No nos demos una ilusoria solemnidad: ante un ojo externo, todos somos de la misma laya; sólo nosotros nos creemos seres superiores. De hecho, muchos piensan que los animales son todos iguales, y hay toda una horrible industria que los asesina indiscriminadamente para comerlos ¿Se entiende la puta comparación, o necesita ser más fácil?

  No sé si esté llegando a algún lado, pero la cosa es que, para bien o para mal, el comportamiento de Johansson es fruto de su mirada indiscriminada y libre de todo prejuicio. Al menos eso deja escenas que hablan por sí solas y que llegan a ser hermosas por lo mismo -lo verán cercano a la hora de metraje-. Y esto vuelve un poco al final del párrafo anterior: la decadencia humana y la mentira de su condición. Todo siempre llega a eso.


  Lamentablemente, debo reprochar que la película termina siendo cansina e incluso fallida, siendo el punto de inflexión lo que sucede más o menos a los 65-70 minutos. Es la línea que separa lo estupendo de lo fallido: la primera parte era intrigante e hipnótica, pero la segunda es repetitiva y anodina. Sólo el final-final vuelve a recuperar ese carácter hipnótico que tanto bien le hacía a aquella primera hora y algo más.
  Para ser un poco más específico, la parte estupenda abunda con secuencias sugerentes, alucinantes e intrigantes -todo esto junto termina hipnotizando, pero no quería decir de nuevo esa palabra-, tanto en lo narrativo como en lo estético. Lo único que se puede venir a la mente son sólo preguntas: ¿Qué hace? ¿Por qué lo hace? ¿Qué está pasando? ¿Qué demonios están viendo mis oclayos?  La atmósfera era sórdida y completamente demencial. Además jugaba hábilmente al mezclar la normalidad más banal e intrascendente con estas secuencias llenas de hipnotismo y misterio. De repente estaba Johansson manejando su van por las calles de Escocia atrayendo hombres y en un parpadeo estábamos sumergidos en toda esta locura cósmica (¿?). Intrascendencia e hipnotismo unidos y revueltos en una primera hora genial, en la cual se condensa una identidad cinematográfica muy, muy interesante: el realismo nunca deja de sentirse como lo que es, realidad. Leí por ahí que las cámaras de la van eran escondidas, y que una vez que el director conseguía actores absolutamente nada profesionales -hay actores no profesionales que están mucho más cerca del cine de lo que estos sujetos están y son: anónimos absolutos que, salvo una excepción, me parece que volverán a sus vidas, a cierta forma de olvido- que aceptaran lo que tenían que hacer después, se subían con Johansson para tener conversaciones improvisadas. Por lo mismo, me parecía que la cosa en ocasiones casi lucía como documental. Pero acá tenemos la habilidad e identidad de la película: convierte a la realidad mundana en una suprarealidad que evidencia a la nuestra, y que casi la provoca. La puesta en escena era notable, especialmente la banda sonora, elemento constante y punzante, que construía esa atmósfera malsana y depravada tan deliciosa, a un ritmo acertadamente pausado, y digo acertadamente porque te mantiene alerta siempre, enganchado por las migas que se van dejando a cada momento. A pesar de los varios paseos en van y conversaciones improvisadas cuyas repeticiones ya podrían parecer producto de la falta de imaginación, cada uno de éstos están montados con un tempo que funciona a la perfección, que demuestran el cuidado con el que se organizó la historia en esta primera parte: cada vez sabemos más y más, y el deseo de adentrarse en todo esto no disminuye. El misterio -al igual que el hipnotismo y la extrañeza- es una constante, incluso mientras más sabemos.


  Por desgracia, luego viene una media hora -más o menos- que pierde todos estos valores. Se vuelve repetitiva, carente de emoción e importancia, además de cansina y anodina. Casi se puede tomar como un despropósito que todo lo que se quería decir a través de los acontecimientos que le siguen al mencionado punto de inflexión se demorara tanto. En este segmento vemos un viaje carente de destino -lo cual no es nada malo, a decir verdad- al que no se le logra otorgar la incertidumbre y misterio inherente de no saber dónde vas -eso lo hace errante, al fin y al cabo-. No hay desorientación ni confusión ni nada por el estilo -quizás de parte de Johansson, que actúa muy bien, dicho sea de paso, pero no del espectador, o al menos de mi como único individuo-. Entiendo perfectamente qué significa este viaje que vemos, pero a mi parecer está mal hecho, mal llevado, mal narrado e incluso mal visualizado. No niego que hay excelentes imágenes, y que también hay una escena que aporta mucho en el tema de la búsqueda de identidad propia -una en la que hay un espejo y un desnudo involucrado- y que por lo mismo resulta ser muy interesante, pero eso no logra enmendar la anodinia que reina en estos largos minutos, que no son tantos pero que se sienten de esa forma. Y esto hace que la película termine fallando, que no pueda rematar el sentido de todo lo que hemos visto: se entiende, pero no se siente y no se hace memorable.
  Afortunadamente los últimos cinco minutos son sensacionales y una auténtica delicia llena del misterio e hipnotismo que hizo de la primera parte algo tan sugerente y atrayente, tanto como la misma Scarlett Johansson, que hace un desnudo todavía más significativo, y que es el que de verdad vale la pena ver -algunos estaban locos porque la chica mostraba todo por primera vez en una película, pero para eso tienen las fotos de su celular: el descriterio reina en este mundo-. Bastante hermoso ese final. Al menos te lo hacen parecer hermoso.


  En fin, "Under the skin" es un desafío, por la manera en que se hizo como por la manera en que se nos presenta y se desarrolla. De pocos diálogos, hay que agarrarle el ritmo y dejarse llevar en un recorrido de muchas preguntas con respuestas que están ahí pero que son elusivas y que incluso generan más interrogantes. Sabemos lo central, pero no tanto lo que se cuece más allá. Lo que importa es el aquí y el tejemaneje social y humano, con todas sus variedades de personas y comportamientos. Un recorrido por la humanidad misma. Lamentablemente, todos estos super interesantes planteamientos se pierden porque como relato la película no funciona. Puede que la primera parte sea más extensa que la segunda, que es la que no me gustó, y si sumamos los cinco minutos finales la diferencia es todavía mayor, pero aún así es un relato fallido y que no funciona ¿Por qué? Pues porque ambos segmentos contienen mensajes que hacen que cada uno sea tan importante como el otro, independiente de su duración. Ambos están ahí para complementarse en pos de un único fin: la cohesión y coherencia argumental del conjunto entero. Aunque la primera parte sea una delicia llena de extraña genialidad, la segunda es totalmente anodina y aniquila el buen hacer previo. Por lo tanto, el relato no funciona, porque el relato es conjunto. Al menos tiene un buen final, lo cual se agradece.
  "Under the skin" es toda una rareza, y el título no es tan literal. Ya de por sí suena muy sugerente, y la premisa y sus planteamientos se encarga de demostrar que -al menos para mi, no puedo decir las cosas como si fueran leyes absolutas; es el bello carácter equívoco del cine- es una metáfora que alude a lo que esconde cada individuo y cada sociedad. Quizás la mirada de Johansson tenga cierta pureza, porque a diferencia de los demás humanos, ella no se vuelve loca por lo exterior, lo superficial. Probablemente nuestro mayor valor -para nosotros mismos o para cualquier otro ente- esté dentro de nosotros, llámenle a eso tripas o espíritu. Un personaje dice, refiriéndose a las personas, "son ignorantes". Tiene razón. Mucha razón.

Capturas extraterrestres

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